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miércoles, 1 de marzo de 2017

Sig Ragga - La Promesa de Thamar (2016)


Un deleite de principio a fin. Un cabezón seguidor de la banda nos la presentó y reseñó esta belleza de disco. Preparen el oído, la mente, el corazón y tómense su tiempo para asimilar y comprender este riquísimo arte de los santafesino Sig Ragga, esto es vanguardia que patea el tablero del sonido moderno, arreglos musicales, armonía, poesía y arte contemporáneos.

Artista: Sig Ragga
Álbum: La promesa de Thamar
Año: 2016
Género: ---
Duración: 31:18
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
01. Antonia
02. La promesa
03. Un grito impotente
04. Ángeles y serafines
05. El silencio
06. Girasoles
07. Arlequín
08. Tonada de un augurio

Alineación:
- Gustavo Cortés / Teclados y voz
- Ricardo Cortés / Batería y coros
- Nicolás Gonzalez / Guitarra y coros
- Juanjo Casals / Bajo








Se trata del tercer disco de una banda santafesina que desde sus inicios ha tenido un fuerte impacto en todo el continente. ¿Qué podríamos decir acerca de Sig Ragga? Que cuenta con casi 20 años de trayectoria, y que su nombre deviene de una combinación de distintas ciudades de la República de Sudáfrica.
Su primer disco homónimo fue producido por Diego Blanco de Los Pericos y obtuvo una nominación al Latin Grammy 2010 en el rubro de Mejor Canción Alternativa. Su siguiente disco, "Aquelarre", fue grabado y producido en Estados Unidos por Eduardo Bergallo, y en esa ocasión, reciben tres Nominaciones a los Latin Grammys en 2013 y 2014, en los rubros: Mejor Canción Alternativa y Mejor Album Alternativo.


A lo largo de estos años han recorrido los más importantes escenarios locales e internacionales tales como los festivales: FIA en Costa Rica, Cortocircuito en Colombia, Siempre Vivo en Chile y en Argentia: Pepsi Music, Personal Fest, Cosquin Rock y recientemente Lollapalooza 2016. Aquí tenemos un trabajo exquisito y minucioso desde todos los puntos de vista, reseñado primeramente por el Anónimo que nos presentó a la banda:

Sig Ragga es una banda de la ciudad de Santa Fe que quebró todos los conceptos musicales del bastardeado "Rock Nacional".
Me animaba a decir, sin tener idea teórica de música, que lo que hacían rebalsaba de armonía. Una tarde busqué en detalle el significado teórico de Armonia... les puedo asegurar que aplica en cada segundo de sus canciones.
He leído reseñas donde los comparan con Yes, Frank Zappa, Spinetta... No, Sig Ragga es un punto y aparte en el presente musical. Poseen tres discos editados hasta el momento que es imposible cansarse de escuchar porque en cada nueva escucha se pueden descubrir nuevos sonidos, nuevas atmósferas, nuevos matices.
No me gusta encasillar las bandas en géneros, creo que la música es música y se expresa como mas nos gusta. Al igual que cuando uno crece, llega un momento que madura, mira para atrás y observa el camino recorrido, sonríe recordando los momentos vividos, experimentados, y se propone continuar avanzando... en ese momento, creo yo, es donde se encuentra Sig Ragga con su ultimo disco "La promesa de Thamar".
Pueden encontrarse muchos videos en YouTube de sus recitales, pero si tienen la posibilidad de verlos en vivo no la desaprovechen, fue una de las bandas que mas me rompió la cabeza. He visto muchas bandas, algunas con producciones de millones de dolares... El día que fui a ver Sig Ragga solo habia cuatro muchachos con túnicas, pintados de blanco, un puñado de luces y humo al nivel de los tobillos... el resto fue música y mucha, pero mucha, armonía.
Cabezón Seguidor Anónimo de Sig Ragga


Y mientras estoy disfrutando de su música (ojo que no tengo el disco, estoy escuchando los sonidos del video que puse más arriba) les copio otros comentarios que encuentro en la red. Realmente un disco maravilloso, espero que lo disfruten.

El 16 de septiembre salió a la luz “La Promesa de Thamar”, el tercer trabajo de estudio de Sig Ragga. Para quienes jamás escucharon a la banda santafesina, deberían saber tres cosas antes de acercarse a un disco de ellos: es imposible encasillarlos en un género musical, las canciones se transforman constantemente, y, por último, no esperen entenderlos a primera escucha. “La Promesa de Thamar” no es un álbum apto para cabezas cerradas ni oídos cómodos, pero sí para escucharlo con el corazón abierto y los ojos cerrados, porque lo sencillo es abordado en profundidad, de maneras inesperadas.
El arte de Sig Ragga tiene una identidad perfectamente definida. Siempre bordean “un parecido a” que nunca termina de serlo. Las influencias están a flor de piel: letras spinetteanas, un aire al Génesis de Peter Gabriel, algo de Frank Zappa o de Yes, entre otros. Pero no, son Sig Ragga. Este nuevo álbum se compone de 8 canciones que, a diferencia de las obras anteriores, se encuentran completamente alejadas del reggae, pero logrando acentuar más su costado emocional, el perfecto manejo de los silencios y los cambios de intensidades que tanto los representa.
Comenzando con la reseña, Antonia, la primera canción del disco, es un maravilloso himno a la vida y la muerte, en el que la guitarra de Nicolás González se encarga de puntear los momentos más emotivos, hasta arribar a un final de intensidad absoluta. Le sigue La Promesa que, a mi gusto, es uno de los temas más increíbles del disco. Estrofas de dolor y soledad, donde los coros del mismo Tavo Cortés construyen un trasfondo dulce, que es corrompido constantemente por un teclado que va mutando de texturas y colores. A continuación, Un grito impotente parece introducirnos en otro pasaje, de escalas que se quiebran, ya con una batería mucho más protagonista y un juego de voces que se va intercalando con las palabras del vocalista. Ángeles y Serafines es el corte de difusión y el único tema que anticipó la banda antes de publicarse “La Promesa de Thamar”. Sin la necesidad de un estribillo, logra describir melancólicamente la crudeza del mundo, fijando la vista en la infancia vivida en la calle. Lo tremendo de esta canción es cómo interpretan los diferentes estados de ánimo frente a la situación, comenzando por la angustia, siguiendo por la bronca, y llegando al sensible deseo darle un poco de amor a esas vidas. Por el contrario, El Silencio es tal vez una de las canciones más simples y profundas del disco. Tiene un estribillo bien definido, triste y hermoso a la vez, que cambia de capítulo con unas bases que le dan un giro de extrañeza a las reflexiones. Algo más cercano al reggae, Girasoles captura una serie de imágenes que remiten al vivir en el campo. Hay alegría en el aire, cierta inocencia en el mirar que se contrapone con las penas y el trabajo. Ya llegando al final, Arlequín irrumpe con una estructura completamente descontracturada. Atraviesa una metamorfosis constante que lo hace pasar por momentos de calma y otros de una contundencia brutal, hasta extinguirse lentamente. Por último, Tonada de Augurio está ubicada para darle un cierre acústico al disco, dibujando paisajes de ausencias entre dos almas que se pierden.
Tal vez deban escuchar “La Promesa de Thamar” diez veces antes de acostumbrarse a sus climas y descubrir los detalles que lo componen finamente. A mi gusto, es parte del trabajo de una banda que está escribiendo historia dentro de la música argentina, y que rompe los esquemas a nivel continental. Tal vez sean extraños para mirarlos de afuera, pero, sin dudas, profundamente intensos una vez que se conecta con su arte.
Nahuel Messina

Los Santafesinos nos embriagan con este excelente tercer disco, que no hace más que ratificar su creciente prestigio en todo el continente. La calidad y la intencionalidad de la música de Sig Ragga una vez más levanta la vara para para toda la escena musical.
“La Promesa de Thamar” fue grabado en Concierto Serrucho (Su propio estudio, ubicado en Santa Fe Capital), en Estudio Monasterio (CABA) y mezclado en Revolver. Eduardo Bergallo (Soda Stereo, Gustavo Cerati, Shakira) y los propios integrantes de Sig Ragga estuvieron a cargo de la producción, grabación y mezcla.
Tratar de explicar de qué se trata Sig Ragga es una causa perdida, porque no se puede hablar de cosas para las cuales las palabras no fueron aún creadas. Si por lo general las palabras no pueden atrapar toda la complejidad de la realidad, en este caso el problema se acentúa exponencialmente.
En el ADN de su música hay partículas de reggae, moléculas de jazz y bossa, fragmentos de rock sinfónico, pero también hay artes plásticas, arte conceptual, cine (y podría seguir un buen rato), lo que da por resultado atmósferas musicales oníricas, derivas sonoras, giros rítmicos, collages de texturas imposibles de relacionar con algo ya conocido.
“La Promesa de Thamar“, continúa la propuesta sonora de sus discos anteriores, expandiendo los registros sonoros, agregando texturas más complejas y simplificando otras. Melodías agradables dan a luz momentos de tensión sonora y armónica que otra vez devienen en paz, sin que esta se repita, creando movimientos dialécticos en las canciones, o para decirlo de otra forma más simple, las estructuras típicas de las canciones, no tienen lugar aquí, no tienen nada que ofrecer en este universo musical.
Las letras de este disco parecen estar concebidas para ser sentidas más que comprendidas, los significados parecen encriptados y son negados a cambio de la infinita dulzura de una voz omnipresente.
Indescifrables por momentos, pero musicalmente hermosas, parecen ser la expresión de complejas angustias metafísicas, profundos instantes de la vida o paradojas de la existencia.
‘La promesa’ con su comienzo de cuerdas toca hasta el corazón del mas rudo, simplemente es belleza. Reflexiones sin conclusiones se consuelan en delicadas melodías, en música, en arte. “No se puede tener al mismo tiempo la noche y el sol”. “Cuando vuelvo a verte acepto sufrir” “dejar de ser amado es hacerse invisible y morir” son algunas de las frases que dan ejemplo de lo que digo.
‘Ángeles y serafines’, cuarta canción del disco se muestra como la más clara en el aspecto lírico. Su letra denuncia con dolor e impotencia las desigualdades sociales, un mundo obsesivamente racional y súper-estructurado de espaldas a las carencias de los más vulnerables, los niños. A esta situación se le atribuye “una falta de sentido insoportable” y de pronto todo lo que parecía metáfora deja de serlo. “Ángeles y Serafines vagando en la ciudad” es otra clara imagen de lo reflejado en esta canción.
El Arte de tapa tiene una profunda continuidad con sus discos anteriores, el lenguaje es el mismo, reminiscencias a las artes plásticas, pero lo que antes eran collages barrocos ahora resurge en trazos de oleos casi expresionistas.
Si fuese necesario señalar algo malo en este disco, definitivamente seria su extensión, 31 minutos es muy poco y si bien los discos cortos son una tendencia irreversible, los que promediamos los treintipico extrañamos los discos de casi una hora de duración.
Resumiendo complejidades, Sig Ragga es inconformismo y búsqueda, equilibrio construido con desequilibrios y fragilidad, nostalgia y amor. Y esta tercera singularidad hecha disco vuelve a ser algo impredecible e incatalogable en un mundo frío y aburrido de sí mismo. A veces creo que Sig Ragga no sigue el flujo de las cosas, no es consecuencia ni resultado de nada, simplemente florece en esta ciénaga de realidad para regalarnos su belleza. Y solo por miedo a exagerar decidí preguntarle a un amigo que siempre siguió a la banda, que adjetivo le cabía a “La Promesa de Thamar”, o que podía decir de él en forma pocas palabras…y simplemente dijo “Gracias”.
Puntaje: Apartado musical - 10 / Letras - 9 / Arte - 9 / Total: 9.3
Mariano Chacón Aguilar

Desde hace tiempo, hablar de metamorfosis es hablar de Franz Kafka. Ahora, la música argentina tiene un nuevo ejemplo para ofrecer: Sig Ragga fue una de las últimas bandas que se metió a surfear en la ola del reggae. Cuando esa marea pasó, ellos quedaron, renovados: ahora ya no bailan al pulso del “chan chan” de la guitarra seca y a contratempo; ahora vuelan con la libertad de quien se ha despojado de las etiquetas. La promesa de Thamar, el tercer álbum de la banda santafesina, es la reconstrucción de una tradición perdida, equidistante del sonido latino, el rock progresivo y el pop melódico. La promesa es una insinuación, y Un grito impotente y Ángeles y serafines, la confirmación: el disco, por momentos, pretende funcionar como mecánico, imprevisto de una máquina vieja y polvorienta que servía para hacer pájaros. El reggae no se perdió: se transformó en algo inesperado, pero superador. Por eso, cuando algunos hablen de la metamorfosis de Kafka, otros retrucarán con la de Sig Ragga.
Patricio Cerminaro



3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cambalache, está publicado en este post! Claro! ¿pero vos te referís al link de desacarga? Dice en el texto de la entrada que no lo tenemos. Tienen el video para escuchar y tendrían que ver cómo conseguir el disco.

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