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jueves, 9 de marzo de 2017

No Hay Grieta. Hay Ruptura...


Algo se está alterando en la Argentina, una situación pocas veces vista en nuestra historia: todos los representante desoyen, al unísono, el clamor de las bases. Hay una ruptura insólita que no abarca sólo a los popes de la CGT, sino a diputados, senadores, plumíferos mediáticos y obviamente al Felino presidente. Todos, oficialismo y oposición, traicionan a sus bases. Corporaciòn Cambiemos S.A. haciendo lo contrario que dijo en campaña, engañando a la mayoría de sus ingenuos y globoludos votantes, mientras la oposición sigue transando y dejando que el neoliberalismo feroz de este gobierno se lleve todo a su paso, nuestro futuro incluído.

Esta semana estuvo signada por paros y marchas que auguran un año agitado, principalmente por un evidente malestar en gran parte de la población. La masiva adhesión al paro docente en casi todas las provincias y las marchas en distintos puntos ya anunciaban otra mala semana para los Amarillos y pone en evidencia una situación pocas veces vista en nuestra historia: las bases son traicionadas por practicamente todo el arco político y social.

El ministro Cabrera parece ratificarlo: la culpa de los despidos son de los depedidos (máxima cínica y psicótica), mientras el equipo de CEOs prepara su nuevo golpe: subir %4 el IVA bajan las jubilaciuones un %8. El macrismo  definió la traición a la mayorìa de sus votantes cuando rumbeó el modelo económico para las transferencias voluminosas a sus aliados (sojeros, medios, etc), definiendo lo que se llama "El Gobierno de los Ricos". Nada puede reparar el daño que han hecho en estos quince meses. ¿Cómo volver atrás con la deuda de más de 77 mil millones de dólares que han tomado para alimentar la burbuja financiera? ¿Cómo recuperar el FGS de la ANSES que han comenzado a liquidar con la complacencia de legisladores del masismo y los kirchneristas disidentes? ¿Cómo reactivar el bombardeado mercado interno –que explica el 80 por ciento del PBI- sin producir una explosión inflacionaria? ¿Cómo anunciar a los agrogarcas que volverán a pagar retenciones y que deberán someterse a una economía al servicio de los argentinos y no de la especulación exportadora? ¿Cómo recuperar la producción industrial ante una gestión empecinada en un aperturismo destructivo?. Pero el peor problema es que le quedan casi tres años de gobierno y uno se pregunta ¿Hasta dónde aguanta el país que no arranque la economía? Mientras logren que la sociedad crea que porque al campo le va genial mejorará la diaria de la monada, todo bien. El asunto es que los de abajo están sintiendo en carne propia que el incremento de venta de camionetas 4X4 a ellos no les arrima un plato a la mesa...


Cuando la desocupación hace sonar las alarmas, cuando la canasta familiar empieza a ser un lujo. Cuando las mayorìas están desprotegidas ante la tiranía del régimen neoliberal, la exclusión se convierte en bandera de un modelo de crueldad de ruptura democrática.



Que estamos pasando por una etapa de compleja situación económica y social, nadie podría negarlo. Paros docentes por aumentos miserables en todas las provincias, marcha de trabajadores que permitió ver la distancia con los supuestos dirigentes de la mayor central obrera, y una movilización de mujeres que dejó traslucir mucho más que simples reivindicaciones femeninas. Esta semana estuvo signada por paros y marchas, no por la campaña electoral -como interpretan los miembros del Gran Equipo- sino por un evidente malestar en gran parte de la población.
No solo el clamor vino desde la marcha de la CGT. Colgado en el pecho, sobre una cartulina y con marcador, una chica escribió: "Acá están los ovarios que la CGT no tiene" y lo mostraba orgullosa en la movilizaciòn de Mujeres, mientras otra leyenda decìa "Sí se puede, el paro a Macri se lo hicimos las mujeres". Ya a esa altura había quedado claro que esa diversa, amplísima y profunda diversidad tiene un solo reclamo y un claro destinatario: el postergado paro nacional que la CGT elude convocar. Miles de trabajadores en la calle reclamando por nuestro derecho, son las bases puteando a sus dirigentes por no estar a la altura, mientras las plumas ilustres del establishment se horrorizaron por la violencia de una muchedumbre que expulsaba a sus tibios representantes, sin tener en cuenta que es más violenta la exclusión a la que este gobierno está condenando a la población.



En el barrio lo llamamos transa. Hoy lo confirma Clarín: Felino Transero Macri utilizó varios métodos de persuasión para evitar el paro. Hacía varios días le había liberado fondos multimillonarios a las obras sociales sindicales a los que el Estado les debía presupuesto destinado para atender a sus pacientes. No quería ni movilización el martes, y menos que se informe frente a una multitud cuándo sería el primer gran paro que enfrentaría su gestión. Según reconstruyó Clarín en base a fuentes sindicales que fueron testigo de estos hechos, el mismo Presidente Felino habló por teléfono para quejarse e intentar persuadir a los cegetistas de que no tomen esas dos acciones de reclamo en un mismo día. No ocurrió.

Quien convoque a una marcha multitudinaria para anunciar la fecha de un paro no puede echarse atrás en pleno acto si no quiere ser corrido del palco por los representados. Los cobardes transeros no pueden ocupar el lugar destinado a los valientes. Más allá de las diferentes lecturas que se le puede dar, está pasando algo nuevo.



El Cambio tan ponderado es esto y no hay maquillaje que lo humanice. Quizá podrán suavizar el ajuste y mimetizar el saqueo de cara a las elecciones, pero nunca abandonarán sus objetivos, y lo dicen abiertamente. Los ceócratas han venido a destruir cualquier intento de proteccionismo y toda forma de argentinidad. Y si salen con el argumento de que ganaron las elecciones, habrá que recordarles que engañaron a los votantes y eso tiñe todo de ilegitimidad.
Atanor admitió que la materia prima que producen en Baradero la van a importar.


Frente a tanta acción popular, desbordante de las elucubraciones dirigenciales, las organizaciones políticas bullen hacia su interior, por disputas que superan las acostumbradas rencillas por elecciones cercanas. Los militantes de los sectores opositores al proyecto que lleva adelante el gobierno de Corporación Cambiemos, esa delictiva coalición conservadora gobernante, comienzan a preocuparse por disputas ideológicas profundas, donde las definiciones sobre cada tema se convierten en duras batallas internas. Al ver y escuchar algunas manifestaciones proferidas por militantes enardecidos en defensa de sus posiciones, se nota una falta de comprensión de la realidad preocupante; mirarse el ombligo parece ser el deporte preferido por algunos irresponsables que producen daños irreparables a las estructuras populares de toda índole, pero no solo hacia el interior de las agrupaciones, sino inundando de rencores a toda la sociedad, ya bastante desarmada frente a la andanada de medidas económicas empobrecedoras.
Al final, el cierre del acto sindical parece que terminó en esto, con resultado incierto, pero mejor que nada:

Hablando de unidad, provocan la disgregación y el desengaño. Reclamando apertura, cierran sus posiciones hasta límites imposibles de traspasar con alguna opinión divergente. Dicen sostener banderas históricas, pero las reducen a dogmas inútiles para la construcción de mayorías. Pretendiéndose superiores a sus líderes, desconocen sus virtudes, resaltan sus defectos, y solo practican el conocido deporte de serruchar el piso, para erigirse en conductores. Es hora que la sociedad, y sobre todo los actores políticos, dejen de mirarse el ombligo de una sabiduría que no poseen, para verse a los ojos y reconocer que si no nos unimos no hay futuro, y que de esta salimos todos o no sale nadie. Y admitir que la declamada unidad, solo puede concretarse reconociendo falencias propias y capacidades ajenas. Entonces sí, la palabra "cambio", tan bastardeada y pretendidamente mágica, volverá a tener la dimensión histórica que el presente de miseria y retroceso está demandando.

El carnaval terminó y las máscaras están de más.
Ahora queda bien en claro quiénes son los que no nos representan. Si la democracia sólo es igualdad en el momento del voto y después se transforma en herramienta para profundizar la inequidad, no habría que defenderla tanto. La democracia tiene sentido cuando los representantes se sienten honrados de haber sido elegidos y no utilizan los cargos para potenciar sus privilegios. Y sobre todo, cuando las promesas de campaña se convierten en compromiso y no en una vil treta para ocultar las más miserables intenciones. Si no es así, la Democracia es puro simulacro, como sucede hoy mismo en el Reino de la Ruptura.


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